Lisbon, Portugal
miradouros, pastéis, fado, azulejos
Belém, Lisbon
Belém se recorre casi entero a pie, en poco más de un kilómetro de paseo junto al agua. La mañana es de piedra manuelina y azúcar, entre el horno de los pastéis y el claustro de los Jerónimos. La tarde se va al río, con el Padrão dos Descobrimentos y la torre asomada al estuario. De noche cambias de barrio, subes a una azotea de LX Factory y ves cómo se enciende el puente 25 de Abril.
Compra por internet la entrada con hora para el claustro de los Jerónimos. La cola de taquilla se come media mañana y la iglesia se visita aparte, sin pagar. En julio el paseo del río no tiene sombra, así que gorra, agua y calzado cómodo. Reserva mesa en la azotea para la puesta de sol, que es la única franja con lista de espera de verdad. Si vas justo de tiempo, el Padrão se ve bien desde fuera y el mirador de arriba se puede saltar.
Del horno al monasterio hay treinta metros, y de ahí a la marisquería, al Padrão y a la torre todo se hace andando por la orilla, con un paso a nivel de por medio. Para volver al centro o subir a Alcântara, el tranvía 15E sale de la misma avenida y los trenes de la línea de Cascais paran en la estación de Belém. De noche, taxi o app.
Los pastéis se piden en el mostrador si tienes prisa y en la sala si quieres sentarte, y la canela y el azúcar glas se echan por encima al gusto, nunca vienen puestos. En la marisquería el marisco se cobra al peso, y el couvert (pan, aceitunas, queso) solo se paga si lo abres, así que basta con decir que se lo lleven. La propina se deja redondeando, un par de euros por comida está bien visto.
Pastéis de Belém
La pastelería de Belém donde se hacen los pastéis originales desde 1837, pegada al Mosteiro dos Jerónimos.
Jerónimos Monastery
El gran monasterio manuelino de Belém, con un claustro de dos pisos labrado como si fuera encaje de piedra.
Nunes Real Marisqueira
Una marisquería de las de siempre en Belém, con vivero a la vista, arroces de marisco y pescado a la brasa.
Padrão dos Descobrimentos
Un monumento de hormigón de 52 metros con forma de proa, con Enrique el Navegante al frente y una fila de figuras históricas bajando por los dos costados.
Belém Tower
La torre fortificada del siglo XVI que guardaba la entrada del Tajo, con balcones, garitas y decoración manuelina sobre el agua.
Rio Maravilha (LX Factory)
Restaurante y bar de azotea en LX Factory, bajo el puente 25 de Abril, con terraza mirando al río y a Cristo Rei.
Alfama, Lisbon
Alfama se sube por la mañana, cuando aún corre el aire, y se baja despacio por la tarde. Empiezas con café junto a la Sé, subes al Castelo de São Jorge para ver la ciudad entera desde arriba y comes en una tasca de las de toda la vida. Después vienen los dos miradouros seguidos, Portas do Sol y Santa Luzia, y de ahí se cae hacia el barrio por escaleras. La noche es de fado y bacalao.
Zapato de suela agarrada, no hay debate. La calçada portuguesa está pulida por siglos de pisadas y resbala, sobre todo cuesta abajo. Saca la entrada del castillo por internet y ve a la hora de apertura, que es cuando el aire está limpio y la panorámica sale sin bruma. La tasca no coge reservas y tiene cuatro mesas, así que o llegas a las doce y cuarto o esperas en la calle. La casa de fado sí que hay que reservarla con días.
Todo el recorrido es andando, pero cuesta arriba de verdad. Si no te apetece la subida al castillo, el autobús 737 sale de Praça da Figueira y te deja casi en la puerta, y los tranvías 12E y 28E dan la vuelta al barrio por Graça. Entre Portas do Sol y Santa Luzia hay treinta segundos de paseo. Para bajar de vuelta a Baixa, las escaleras que salen del mirador son el camino corto.
En el fado no se habla, no se brinda y no se hace foto con flash mientras se canta. Cuando alguien dice "silêncio que se vai cantar o fado", va en serio y la sala entera se para. La ropa tendida quiere decir que ahí vive gente, así que de noche se baja la voz por las callejas. Y en el castillo los pavos reales se pasean por las murallas como si fueran suyos, mejor no darles de comer.
Pois Café
Un café de barrio en Alfama, cerca de la catedral, con sofás, tartas caseras y platos de desayuno abundantes.
São Jorge Castle
La fortaleza que corona la colina más alta de Lisboa, con murallas practicables, jardines y la mejor vista de la ciudad.
Ti-Natércia
Una tasca familiar de cuatro mesas en Alfama, con cocina casera portuguesa y raciones desmedidas.
Miradouro das Portas do Sol
Un balcón sobre Alfama en el Largo das Portas do Sol, con terraza de quiosco y la mejor perspectiva sobre los tejados del barrio.
Miradouro de Santa Luzia
Una terraza ajardinada junto a la iglesia de Santa Luzia, con pérgola, buganvilla y paneles de azulejos sobre Alfama.
Fado dinner in Alfama
Una casa de fado de Alfama, con cena y actuaciones en directo de voz, guitarra portuguesa y viola.
Chiado, Lisbon
Empiezas con café en un salón de 1905 y sales directo a coger el 28, que es tanto transporte como atracción. Luego el Convento do Carmo, la ruina más elocuente de la ciudad, con el cielo por bóveda desde el terremoto de 1755. Al mediodía, mercado. Y la tarde se guarda para el mirador de São Pedro de Alcântara a la hora dorada, con el castillo enfrente iluminándose poco a poco antes de bajar a cenar.
Reserva la cena del Bairro do Avillez, sobre todo si es fin de semana. El Time Out Market va a tope entre la una y las tres, así que o llegas antes o dejas pasar el pico. Consulta el mismo día el horario del Museo Arqueológico do Carmo, que cierra un día a la semana. Y para el 28, evita la salida de Martim Moniz al mediodía, que es cuando la cola es más larga y el vagón va lleno hasta la puerta.
El 28 se coge en Chiado y sube por Graça, pero solo entra la gente que cabe. Si el Elevador de Santa Justa tiene cola en la calle, sube andando hasta el Largo do Carmo y llega por la pasarela de arriba, que es el mismo sitio sin la espera. Para subir al mirador de São Pedro, el Ascensor da Glória arranca desde Restauradores y se hace en tres minutos. Todo lo demás son cuatro manzanas a pie.
La bica se toma de pie en la barra y cuesta bastante menos que sentado en la terraza, esa diferencia de precio es legal y normal en todo Portugal. El Bairro Alto de día parece dormido, empieza a moverse hacia las once de la noche y la gente bebe en la calle. Si quieres la foto con la estatua de Fernando Pessoa, ve pronto, porque a media mañana hay turno.
A Brasileira
Un café de 1905 en pleno Chiado, con barra de mármol, madera oscura y cuadros modernistas en las paredes.
Tram 28 ride
La línea de tranvía amarillo que cruza Lisboa de Martim Moniz a Campo de Ourique pasando por Graça, Alfama, la Baixa, el Chiado y Estrela.
Convento do Carmo
Las ruinas de la iglesia del antiguo convento carmelita, con los arcos góticos en pie y sin cubierta, y un museo arqueológico en la cabecera.
Time Out Market
Un mercado gastronómico enorme junto al río, con puestos de cocineros conocidos de Lisboa alrededor de mesas compartidas.
Miradouro de São Pedro de Alcântara
Un mirador ajardinado en dos terrazas sobre la Baixa, con la colina del castillo justo enfrente.
Bairro do Avillez
El restaurante grande de José Avillez en el Chiado, repartido entre una taberna, un patio de marisco y una sala de espectáculo.
Sintra
Es el día de más kilómetros y el que más se agradece madrugar. Coges el tren en Rossio a primera hora, subes al Palácio da Pena antes de que llegue el grueso de la gente y bajas andando al Castelo dos Mouros por el parque. Comes en el casco viejo, dedicas la tarde a la Quinta da Regaleira y sus túneles, y cenas junto a la estación sin prisa antes de volver.
Entradas con hora para Pena y para Regaleira, compradas con antelación y en la franja más temprana posible. La sierra tiene su propio clima, así que llévate una chaqueta fina aunque en Lisboa haga treinta grados, arriba suele haber niebla y varios grados menos. Zapato cerrado con suela, porque en Regaleira los túneles van mojados todo el año. Y agua, que entre palacio y castillo hay mucha cuesta.
La línea de Sintra sale de Rossio cada veinte minutos y el trayecto dura cuarenta. Sácate una tarjeta Navegante recargable en la máquina antes de bajar al andén, sirve para tren, metro y autobús. En Sintra, el autobús 434 hace el circuito estación, centro histórico, Castelo dos Mouros y Pena, siempre en un sentido. El 435 es el que lleva a Regaleira. Del casco viejo a Regaleira también se llega andando en unos diez minutos, casi todo cuesta abajo.
El dulce local no es el pastel de nata sino el travesseiro, un hojaldre alargado con crema de huevo y almendra que se hace en el centro y se come tibio. Las queijadas de Sintra llevan siglos vendiéndose aquí. Todo el paisaje cultural de Sintra es Patrimonio Mundial desde 1995, y esa mezcla de palacios, bosque exótico y ruinas restauradas viene del romanticismo del siglo XIX, cuando media aristocracia europea decidió veranear en la sierra.
Train to Sintra
El tren de cercanías que une Lisboa con Sintra en unos cuarenta minutos, desde la estación de Rossio.
Pena Palace
Un palacio romántico de colores rojo y amarillo en lo alto de la sierra de Sintra, rodeado de un parque enorme con especies traídas de medio mundo.
Castle of the Moors
Un recinto amurallado en la cresta de la sierra, con torres y un camino de ronda que sube y baja por la roca.
Tulhas Bar & Restaurant
Un restaurante de cocina portuguesa en el centro histórico de Sintra, instalado en un edificio antiguo de piedra.
Quinta da Regaleira
Una finca de principios del siglo XX con palacio neomanuelino, capilla y un jardín lleno de grutas, túneles y símbolos.
Incomum by Luís Santos
Un bistró de cocina portuguesa contemporánea a pocos pasos de la estación de Sintra, dirigido por el cocinero Luís Santos.
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